La cercanía de JorgeS. a la muerte no fue casualidad. No pensaba, a los 11 años, cuando empezó a drogarse, que entraría a un infierno. Probó de todo. Y cuando ya no podía ni caminar terminó internado en varias instituciones y finalmente en el hospital Obarrio. Fue una disposición de la Justicia para preservar su vida. Incluso le asignaron una custodia permanente. Había ingresado al nosocomio el 13 de junio pasado para comenzar su tratamiento. Cuatro meses después, pasó lo peor: consumió sustancias en exceso y terminó en coma, con una intoxicación aguda.
¿Cómo pudo ocurrir esto en un hospital en el que supuestamente el paciente está internado para desintoxicarse? ¿Dónde estaba el custodio que lo debía cuidar? Estas dos preguntas todavía rondan la cabeza de Asunción Lecovichi, la mamá de Jorge. No tiene respuestas, a pesar de haber realizado denuncias en el Siprosa para que se investigue lo que ocurrió.
El joven de 24 años sí tiene algunas respuestas. "El problema es el pabellón 5, donde yo estaba internado en ese momento. Es un descontrol. Nunca había dejado de consumir drogas ahí, pese a tener consigna policial", recuerda el muchacho, que después del episodio fue trasladado al sector 4 del hospital.
Sentado sobre el colchón, en una pequeñísima habitación con inodoro, cama y sin ninguna ventana, Jorge aún no puede creer lo que le pasó. Tiene la Biblia en la mano. Los ojos siempre miran hacia abajo. Y repasa los instantes antes de perder el conocimiento. Cuando se despertó, el 18 de octubre, se enteró que había sido trasladado al hospital Padilla por una sobredosis.
"Era una tarde como cualquiera, que estábamos solos en el pabellón, sin hacer nada, sin ninguna contención. Ahí fue que vino un enfermero y me dio 30 pastillas y una caja de vino. Es un enfermero que siempre nos daba sustancias porque quería caernos bien. Tomé todas las pastillas juntas más el vino, y ya no recuerdo más. Me contaron que un compañero me fue a despertar al día siguiente y yo no reaccionaba. Tuve convulsiones, estuve muy mal", apunta. Dice que quiso hablar con las autoridades del hospital para contarles lo que pasó, pero que no lo escucharon.
"Acá corre mucha droga. Podés salir a comprarla, la venden en cualquier casa de los barrios que rodean al hospital", destaca. "Antes de venir a la unidad 4 no tenía contención, estaba todo el día sin hacer nada. Sin la mente ocupada, en los único que pensás es en drogarte", detalla.
Jorge cuenta que ahora él está luchando para salir. "Es tremendo estar al borde de la muerte. Me hizo dar cuenta de un montón de cosas, de que no puedo dejar solo a mi hijo (tiene 6 años). No quiero que él sufra como sufrí yo", reflexiona. Se mira los antebrazos. Muestra las marcas de las lesiones que se provocaba hace algunos años. "Quiero recuperarme y tener un trabajo", sueña, mientras pierde su mirada en unos palitos dibujados en la pared. Representan los 15 días que lleva sin consumir. La pausa lo lleva a recordarse cuando era muy chico y se sentía solo. "Por eso fue que empecé a drogarme. No he ganado nada, sólo he perdido", resume.